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"Sólo gente invadida por el mal haría algo como esto. No hay excusas", juzga esta comerciante que prefirió el anonimato.Urumqi, la capital regional de Xinjiang, estalló en un brote de violencia el domingo por la noche cuando miles de manifestantes descendieron a las calles y atacaron a chinos han, según el testimonio de los habitantes. Estos enfrentamientos étnicos dejaron al menos 156 muertos y más de 1.000 heridos, según un balance oficial. La televisión china mostró imágenes de heridos cubiertos de sangre, restos de vehículos incendiados y una multitud lanzando piedras a las fuerzas del orden o volcando coches de la policía. "Lo que hicieron los uigures es horrible", estima una funcionaria local, Zhang, que no quiso divulgar su identidad. A pesar de los disturbios no tiene intenciones de dejar la ciudad ya que, insiste, "China es un país unificado. Uno no se va así. Es nuestro país". Como muchos han, su incomprensión es total y su interés por los reclamos de los uigures, que culpan a Pekin de marginarlos y de hacer que predomine el modelo chino han como en el caso del Tíbet, es inexistente. La región de Xinjiang tiene 20 millones de habitantes de 47 etnias de las cuales la han pasó de representar el 6% al 40% de la población con la política de desarrollo impulsada por Pekín desde los años 1990. "Hubo violencia como esta en el pasado y habrá otra si las cosas no cambian", advierte Anwar, un uigur que propone con orgullo a la AFP mostrarle el lugar donde los hans fueron golpeados o asesinados con machetes. "Se supone que es el Xinjiang, una región autónoma uigur (...). Pero los hans controlan todo. Los uigures siempre son maltratados por los hans", acusa. Otros musulmanes uigures, de la familia de lengua turca, afirman que sienten las mismas injusticias pero son netamente más prudentes. "Queremos solamente paz. Hay hans buenos y hans malos, como en todos lados", estima Yusufina, cuyo hijo y marido fueron detenidos por las fuerzas de seguridad tras los disturbios. "No detestamos a los hans, queremos sólo que nuestros allegados sean liberados", dice. La policía detuvo tras los actos de violencia del domingo a 1.434 personas, de las cuales 55 son mujeres. Este martes por la mañana, al menos 200 personas se manifestaron en Urumqi, entre las cuales había muchas mujeres que denunciaron las detenciones arbitrarias y exigieron cuentas por la desaparición de sus allegados. Por miedo a que la violencia de la minoría china uigur -etnia mayoritaria en la región de Xinjiang- se extienda a otras ciudades, las autoridades bloquearon el acceso a internet y reforzaron la seguridad en numerosas ciudades, además de imponer un toque de queda en Urumqi. En Yining, a 500 km al oeste de Urumqi, los habitantes aseguran que los comercios cerraron mientras que en Kashgar, a 1.050 km al suroeste de la capital regional, en Aksú, en la ruta Urumqi-Kashgar, o en la prefectura kazaja de Yili (oeste), la policía indicó que tenía indicaciones de que la "gente" intentaba "organizar nuevos disturbios". Numerosos uigures imputan la violencia del domingo a un incidente que revela el abismo que separa a las dos etnias: una importante pelea a finales de junio en una fábrica de juguetes de Guangdong (sur) entre hans y uigures. El rumor de que dos empleadas hans habían sido agredidas sexualmente por uigures desencadenó una pelea que dejó dos muertos -uigures- y más de 120 heridos, según la prensa oficial.
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